miércoles, 1 de mayo de 2019

Aulas analógicas para chicos digitales


En nuestras aulas predominan los elementos analógicos. Si bien en el contexto de mi trabajo, en el I.P.J.A., contamos con un televisor por aula, y una sala de computación con una computadora cada dos alumnos, y una conectividad casi optima; las estructuras de nuestras clases siguen signadas por las prácticas analógicas.
La posibilidad de “aumentar el aula”, no es sólo un desafío, sino una necesidad. Aunque los primeros pasos que demos (no sólo con las herramientas digitales sino también con las lógicas de construcción de ese tipo de saberes) sean a los tumbos: «La mitad de los chicos no se pudieron conectar a Internet, otros no podían abrir el archivo y muchos no lo habían recibido. Media clase se perdió tratando de tener todo el material para trabajar»[1]; la necesidad de empezar la transición hacia ellas es clave.
Nuestros alumnos son nativos digitales, por lo que pueden superarnos en el manejo de la herramienta, o de las formas que construyen sus experiencias digitales; pero somos nosotros quienes debemos guiar esos aprendizajes. Poder separar “la paja del trigo” (aunque parezca sonso este dicho más cercano a lo analógico que a lo digital, contiene en sí el concepto de navegación guiada). Dice Cassany: “Cualquier discurso está situado en un contexto geográfico e histórico y adopta forzosamente un punto de vista. De manera que resulta imprescindible leer siempre con perspectiva crítica”[2], crear esa perspectiva es la nueva tarea que nos tenemos que proponer los docentes.
Para eso debemos formarnos, e investigar, perderle el miedo a la tecnología y estas nuevas formas de enseñanza y aprendizaje. Para poder aportarles el “Timón crítico” necesario para que nuestros alumnos no naufraguen navegando en los vastos mares de Internet.




[1] Sagol, Cecilia, Aulas aumentadas, lo mejor de los dos mundos. 2013
[2] Casanny, Daniel, Navegar con timón crítico.

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